Oportunidad para Europa

Europa está creando una “economía eléctrica”, donde la electricidad se convertirá en la fuente de energía dominante. Esto impulsará la transición hacia un futuro con bajas emisiones de carbono y un alto crecimiento. Antes de 2050, la mayor parte de nuestro transporte podría estar alimentado por electricidad, con la posible excepción de ciertos vehículos comerciales pesados.

Como parte de esta transición, las redes eléctricas dejarán de considerarse un recurso nacional. Se convertirán en corredores internacionales de comercio que trasladen la energía marina generada en el norte y la energía solar generada en el sur a los centros de población europeos.

Con un índice de crecimiento medio del 2%, la demanda de electricidad de Europa será el doble antes de 2050. Con un índice de crecimiento del 3%, esa demanda será más del triple. Si debemos reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 80%, todo este aumento de la demanda deberá cubrirse mediante energías renovables. La generación de energía mediante carbón, petróleo y gas utilizada en la actualidad deberá suprimirse progresivamente hasta eliminarla por completo.

Antes de 2030, dejarán de construirse más plantas de combustibles fósiles en Europa. Las nuevas plantas serán sólo de energías renovables y energía nuclear. Ahora ya podemos ver cómo se desarrolla esa tendencia con más generadores de energía eólica instalados en Europa en 2008 y 2009 que ninguna otra forma de generación de electricidad.

Si queremos explotar al máximo estos recursos renovables y obtener energía a escala continental, el sector energético deberá reducir drásticamente los costes de inversión mediante toda una serie de innovaciones que van desde el diseño de planta hasta la tecnología de fuente de tensión. En los parques eólicos offshore, el escalamiento se obtendrá al combinar grandes conjuntos de turbinas simplificadas con centrales eléctricas de energía eólica. Estas centrales son los módulos sobre los que se creará Supergrid.